La cirrosis
es una enfermedad en la que las células hepáticas se dañan permanentemente, y la estructura y funcionamiento del hígado se altera de forma permanente. Una vez que ha ocurrido daño hepático, las áreas dañadas son reemplazadas por tejido cicatrizante. La sangre no fluye adecuadamente a través del tejido hepático cicatrizado y esto interfiere con importantes funciones hepáticas.
El hígado juega un rol crucial en varias funciones corporales, incluyendo la producción de factores de coagulación sanguínea, producción de la bilis, metabolismo del colesterol, mantenimiento de concentraciones normales de azúcar en la sangre y desintoxicación de toxinas como el alcohol y las drogas. Debido a que el rol del hígado es tan diverso y crucial para la vida, las enfermedades hepáticas como la cirrosis pueden interrumpir funciones corporales normales.
Muchas condiciones pueden conllevar a la cirrosis, incluyendo la hepatitis viral, enfermedades hereditarias, obstrucción prolongada de los conductos biliares, severas reacciones a medicamentos y exposición crónica a toxinas ambientales. Sin embargo, la causa más común de cirrosis es el abuso crónico del alcohol. Aunque no todos los alcohólicos desarrollan cirrosis, se estima que 75%-80% de los casos de cirrosis podrían prevenirse al eliminar el abuso de alcohol. Aproximadamente 25,000 estadounidenses mueren de cirrosis cada año.
Último revisado octubre 2012 por Marcin Chwistek, MD
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