Se estima que 85% de los estadounidenses sufren de temor a hablar en público, una fobia social conocida como glosofobia. Caracterizadas por un temor intenso a situaciones sociales o de desempeño, las fobias sociales se pueden manifestar físicamente mediante palpitaciones, temblores, sudoración, diarrea, confusión y enrojecimiento, según lo indica la Asociación Estadounidense de Trastornos de Ansiedad (ADAA, por sus siglas en inglés).
Mientras algunos investigadores trabajan para determinar la causa del temor a hablar en público y otras fobias sociales, otros sugieren que el factor desencadenante puede ser una pequeña estructura en el cerebro llamada amígdala, que es el área central del cerebro que controla las respuestas de temor.
El Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH, por sus siglas en inglés) informa que las fobias sociales también pueden ser heredadas y los investigadores identificaron recientemente el sitio de un gen en ratones que afecta el temor aprendido. Los científicos también están explorando una base bioquímica para el trastorno, con la idea de que la mayor sensibilidad a la desaprobación puede tener una base hormonal o fisiológica.
Factores ambientales también pueden causar las fobias sociales. Por ejemplo, el temor a hablar en público se puede adquirir al observar el temor de otros, un proceso denominado aprendizaje observacional o imitación de un modelo social.
Clasificada por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría como la principal fobia social en los Estados Unidos, el temor a hablar en público se está tratando exitosamente mediante una terapia cognitivo conductual.
Durante la terapia cognitiva, los glosofóbicos enfrentan públicos en forma gradual bajo la supervisión de un terapeuta entrenado. En lugar de escapar a su temor, las personas enfrentan su ansiedad con el objetivo de reducir cada vez más el temor que una vez sintieron.
La terapia también puede incluir técnicas de control de la ansiedad, como respirar hondo, reestructuración cognitiva para ayudar a las personas a desarrollar expectativas más realistas de los peligros de hablar en público y terapia de grupo, pareja o familiar.
Los antidepresivos, principalmente los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), y con poca frecuencia los inhibidores de monoaminooxidasa (IMAO), también se utilizan para tratar el temor a hablar en público. Los médicos todavía desconocen si la combinación de terapia cognitiva y fármacos puede tener mejores resultados que cualquiera de los dos tratamientos por sí solo. Sin embargo, actualmente la FDA exige que los fabricantes de la mayoría de los ISRS adviertan a los médicos sobre el riesgo aparente de suicidio entre los niños y adolescentes deprimidos tratados con estos fármacos. Se desconoce si el tratamiento con ISRS de los trastornos de ansiedad pueden originar un mayor riesgo de suicidio.
Toastmasters International (cuyos miembros se reúnen en forma habitual para practicar hablar en público en un entorno de apoyo) ofrece estos diez consejos para tener éxito:
- Conocer su material. Elegir un tema que le interese, usar historias personales y un lenguaje familiar para minimizar las posibilidades de olvidar su discurso.
- Practicar con anticipación ensayando en voz alta.
- Conocer al público. Comenzar saludando a las personas a medida que lleguen.
- Familiarizarse con la sala al llegar antes, practicar usar el micrófono y otras ayudas visuales.
- Imaginarse dando el discurso con un estilo y una voz claros y seguros. Imaginar al público aplaudiendo y la forma en que la respuesta positiva reforzará su seguridad.
- Darse cuenta de que todos lo están apoyando. El público quiere que sea interesante, entretenido e informativo.
- No se disculpe por problemas o por su nerviosismo, que probablemente los asistentes no noten.
- Céntrese en su mensaje y en el público, en lugar de en sus ansiedades.
- Adquiera experiencia para generar más seguridad.