imagen La intimidación es un problema frecuente entre los niños y adolescentes, que puede tener efectos devastadores y a largo plazo. La intimidación es un problema de salud grave, no solo una parte inofensiva del crecimiento. Puede aprender a tomar medidas para detener este tipo de conducta.

¿Qué es la intimidación?

La intimidación es una conducta agresiva hacia otra persona, cuya finalidad es causar daño y que se repite en el tiempo. Implica un desequilibrio de poder donde una persona o un grupo atacan a alguien que es más débil y vulnerable. La intimidación puede asumir diversas formas, incluso:

  • Física, p. ej. golpes, puñetazos, puntapiés, empujones
  • Verbal, p. ej. gritos, burlas, insultos
  • Indirecta, p. ej. divulgar rumores, excluir a otros
  • Intimidación cibernética, p. ej. divulgar mensajes insultantes por correo electrónico y por Internet

Estudios pasados han demostrado que los hombres tienen mayor probabilidad que las mujeres de ser tanto intimidadores como víctimas de intimidación. Si bien los hombres intimidan a hombres y mujeres, las mujeres generalmente intimidan a otras mujeres. Es más probable que los hombres utilicen intimidación física y las mujeres se ven más involucradas en divulgar rumores y comentarios sexuales y excluir a otros. La intimidación se presenta en la escuela y en la comunidad. Sin embargo, sucede con mayor frecuencia en la escuela y, por lo general, si existe poca o ninguna supervisión de adultos, por ejemplo, en cafeterías, pasillos y baños y en patios de juego.

¿Cuáles son las características frecuentes de los intimidadores y sus víctimas?

No existe una causa para la intimidación. Pueden contribuir factores individuales, familiares, de pares, escolares y comunitarios. No obstante, los jóvenes que intimidan habitualmente tienen características comunes, como por ejemplo:

  • Son impulsivos y dominantes
  • Se frustran fácilmente
  • Ven la violencia como una buena solución a un conflicto
  • Carecen de empatía
  • Se meten en problemas con frecuencia
  • Tienen un rendimiento académico deficiente
  • Es más probable que beban y fumen
  • Los jóvenes con mayores posibilidades de ser víctimas de intimidación tienden a ser inseguros, precavidos, sensibles y tienen problemas para reivindicarse. Generalmente son aislados a nivel social y se sienten solos. Esto los sitúa en mayor riesgo de ser objeto de intimidación. Los hombres que son víctimas generalmente son más débiles que sus pares.
¿Cuáles son los efectos de la intimidación?

La intimidación puede afectar seriamente la salud emocional y física y los logros académicos de las víctimas. Puede dar origen a temor, ansiedad y baja autoestima. Las víctimas de intimidación pueden temer ir a la escuela y a otros lugares, y pueden aislarse a nivel social, retraerse y deprimirse. Pueden manifestar síntomas físicos como dolores de cabeza y de estómago. Algunos jóvenes pueden portar armas para protegerse y volverse violentos para obtener venganza. Los efectos pueden ser a largo plazo, y las víctimas pueden continuar experimentando depresión y baja autoestima en la edad adulta. En casos extremos, la intimidación puede terminar en un suicidio. De acuerdo con un estudio publicado en 2003 en Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine, la intimidación puede originar una conducta violenta más grave, como portar armas y participar en peleas físicas. Un estudio anterior reveló que los hombres que intimidan tienen una mayor posibilidad de presentar una conducta delictiva cuando son mayores. Asimismo, tienen un mayor riesgo de suicidio.

Muchos episodios de intimidación son presenciados por otros jóvenes. Por lo general, los demás no se involucran porque no saben cómo detener la intimidación o temen pasar a ser víctimas. Pueden sentirse inútiles o culpables por no detener a la persona que intimida o no denunciar el incidente. Si se involucran en el acto de intimidación por presión de sus pares, pueden sentir incluso más culpa.

¿Qué pueden hacer los jóvenes?

Si eres víctima de intimidación:

  • Habla con tus padres u otro adulto en quien confíes, como un maestro u orientador escolar.
  • No contraataques, ya que puedes empeorar las cosas. Mantén la calma y pide a la persona que se detenga, o simplemente aléjate.
  • Actúa con seguridad. Si te ves seguro, será menos probable que un intimidador comience o siga intimidándote.
  • Hazte amigo de otras personas que te agraden. Si estás con amigos, es menos probable que un intimidador intente molestarte.
  • Evita situaciones en las que pueda haber intimidación.

Si otra persona es víctima de intimidación:

  • Niégate a participar en la intimidación.
  • Intenta ayudar al desviar la atención de la víctima o pedir a la persona que intimida que se detenga, si puedes hacerlo sin correr riesgo.
  • Busca a un maestro, padre u otro adulto para que te ayude.
  • Si puedes, ayuda a la víctima o al menos apóyala en forma posterior.
  • Alienta a la víctima a que hable con sus padres o con otro adulto en quien confíe.
¿Qué pueden hacer los padres?

Si su hijo es víctima de intimidación:

  • Considere seriamente la situación y apoye a su hijo. Explíquele que no es su culpa.
  • Diga a su hijo que no contraataque, sino que se aleje y obtenga la ayuda de un adulto.
  • Hable con el director o el maestro de su hijo. Pregúnteles qué harán para detener la intimidación.
  • Aliente a su hijo para que haga amigos y permanezca con sus amigos cuando pueda ocurrir una situación de intimidación.
  • Observe signos que indiquen que su hijo puede ser víctima de intimidación, p. ej., cortes o moretones inexplicables, cambios en el estado de ánimo y retracción, y temor de ir a la escuela.

Si su hijo intimida a otros:

  • Diga a su hijo que no tolerará la intimidación. Establezca y refuerce normas coherentes para la conducta de su hijo. Elogie a su hijo cuando presente una conducta positiva.
  • Enseñe a su hijo a controlar la ira sin violencia.
  • Supervise las actividades y relaciones con los amigos de su hijo.
  • Inste a su hijo a que participe más en actividades positivas, como deportes y clases de música.
  • Trabaje con el director o el maestro de su hijo. Si es necesario, solicite ayuda al consejero escolar o a un profesional especializado en salud mental.