La hepatitis A es una infección hepática causada por el virus de la hepatitis A. El virus es contagioso y se puede encontrar en la materia fecal de una persona infestada. Existe preocupación para los viajeros porque una forma en que se puede contagiar es al consumir alimentos o bebidas contaminados. Por ejemplo, si un cocinero con hepatitis A no se lava las manos de manera adecuada después de ir al baño, puede diseminar el virus a la comida que prepara o a un objeto, como una taza o un tenedor. Sin embargo, la contaminación se puede producir en cualquier momento, desde los campos donde se riegan las verduras con agua contaminada hasta un restaurante con una mala higiene.
Si se infesta con el virus, puede sufrir síntomas similares a los de la gripe (como fiebre, fatiga, dolor estomacal) e ictericia, coloración amarillenta de la piel y los ojos. Por lo general, los niños en edad escolar y los adultos tienen síntomas, pero es posible que los niños pequeños no los tengan. En la mayoría de los casos, el virus desaparece dentro de dos a cinco semanas, y la persona se recupera por completo. Pero para algunos, los síntomas vuelven una y otra vez y pueden durar hasta nueve meses. En casos poco frecuentes se puede producir insuficiencia hepática y la muerte.
Viajar a algunas regiones lo pone en mayor riesgo. Por ejemplo, Asia, África, Europa Oriental, Latinoamérica, Sudamérica, el Medio Oriente y el Caribe tienen índices más altos del virus. Pero, incluso en los países desarrollados hay brotes de hepatitis A.
Cómo viaja, dónde se queda y cuánto tiempo se queda también afectan su nivel de riesgo. ¿Tiene planificado un viaje aventurero, como un recorrido guiado por un parque nacional africano para ver la migración de ñus? ¿O estará bien atendido en una villa con tejados de paja y playas de arena blanca justo afuera de la puerta? Si bien puede sentirse más seguro sobre la seguridad de sus comidas en un hotel cinco estrellas, ha habido casos de hepatitis A en destinos turísticos de primer nivel.
Revisemos por ejemplo esta situación de la vida real: una camarera en un hotel y complejo turístico en Nueva Zelanda, un país con una baja incidencia de hepatitis A, fue diagnosticada con el virus. La autoridad sanitaria pública estimó que puede haber expuesto a miles de huéspedes al virus durante el período de incubación, un período de tres a cinco semanas antes de la aparición de los síntomas. En esta etapa es cuando el virus es más contagioso. La preocupación era que desde entonces muchos de los huéspedes habían regresado a casa, sin saber que habían estado expuestos. Si tenían el virus y no recibían tratamiento a tiempo, esto podría tener un efecto dominó: diseminarlo a sus familiares, compañeros de trabajo y personas de la comunidad.
La buena noticia es que existe una vacuna contra la hepatitis A. Esta vacuna altamente eficaz contiene una forma inactivada del, lo que significa que usted no se enfermará. Para los viajeros, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos recomiendan la vacuna si viajará a áreas de riesgo medio a alto. La pauta general es recibir la primera dosis dos a cuatro semanas antes de su viaje. Pero recomendaciones más recientes de los CDC indican que las personas sanas deben vacunarse en cuanto deciden que viajarán a países de riesgo intermedio a alto. Una segunda dosis se requiere seis meses más tarde para brindarla protección a largo plazo.
Además de los viajeros, la vacuna se recomienda para todos los niños de 12 meses y mayores, personas que presentan un comportamiento de alto riesgo (p. ej., tener sexo anal, usar drogas) y personas con algunas afecciones médicas, como hepatopatías y trastornos de coagulación sanguínea.
Sin embargo, la vacuna tiene algunas limitaciones. No se puede administrar a niños menores de 12 meses o a personas que han tenido una reacción alérgica a la vacuna o a sus componentes, están embarazadas o enfermas. La vacunación no es necesaria para quienes han tenido hepatitis A (que les proporciona inmunidad para toda la vida).
Para personas que están en riesgo, la inmunoglobulina (IG) es una opción segura. La IG en forma de vacuna tiene anticuerpos que brindan protección a largo plazo. En algunos casos, la vacuna y la IG se administran al mismo tiempo. Por ejemplo, si tiene 40 años o más, tiene una afección crónica y viajará dentro de dos semanas o menos, es posible que el médico le administre ambas vacunas para impedir que se infeste.
Además, los médicos tratan los casos de exposición a la hepatitis A con la vacuna o IG, según la edad y salud de la persona. Si se administra dentro de dos semanas, cualquiera de las dos vacunas puede prevenir el virus y evitar que se disemine. Esto es especialmente útil para controlar brotes en las comunidades. En un brote, se vacunó a más de 70 personas.
Twinix es otra forma de prevenir la hepatitis A y también la hepatitis B. Esta vacuna doble se puede usar en personas sanas de 18 años y más. Tiene la opción de un programa de posología más rápido: las primeras tres dosis se administran dentro de las primeras tres semanas, lo que la convierte en una buena opción para los viajeros.
Además de las vacunas y la IG, existen otras medidas que puede tomar para protegerse contra la hepatitis A y otras enfermedades que se transmiten a través de los alimentos:
- Lave cuidadosamente sus manos con jabón y agua antes de comer y beber y después de usar el baño.
- Para matar el virus, cocine alimentos y bebidas a una temperatura de 85 °C (185 °F) durante al menos un minuto. Sin embargo, recuerde que los alimentos se pueden contaminar entre el momento que cocina y el momento que los come.
- Al comer en un restaurante, asegúrese de que la comida esté bien cocida y se sirva caliente. Evite comprar alimentos a un vendedor callejero o en lugares poco higiénicos.
- Según el área hacia la que va a viajar, es posible que todo el abastecimiento de agua esté contaminado. Para estar seguro, solo beba agua embotellada y evite agregar hielo a sus bebidas.
- Algunos tipos de alimentos tienen mayor probabilidad de contaminarse. Evite comer mariscos (p. ej., ostras, mejillones), productos lácteos no pasteurizados (crudos) (como queso y helado), frutas y verduras sin cocer (en especial, las que tienen cáscara).
Tan pronto como comience a planificar el viaje (idealmente cuatro a seis semanas antes de partir), consulte con el médico sobre su riesgo de hepatitis A. Indique detalles sobre el área, alojamiento, tipos de actividades y su salud. En lugar de acudir a su médico habitual, le recomendamos que visite a un especialista en medicina de viaje. En el sitio web de la Sociedad Internacional de Medicina del Viajero (ISTM, por sus siglas en inglés) podrá encontrar un médico en su estado.
Visite el sitio web de la Embajada de Estados Unidos para obtener información de contacto de los consulados e inscribir su viaje en el Departamento de Estado de los EE. UU. (La inscripción es voluntaria. La información se usa en caso de una emergencia). En el sitio web también puede leer sobre brotes actuales, centros médicos y seguro de salud. Recuerde que muchas compañías de seguro no pagan los tratamientos en el extranjero o atención de emergencia, como el traslado en helicóptero a un hospital. Asimismo, es posible que el país que visite no acepte su seguro. Por lo tanto, es aconsejable que contrate un seguro médico de viaje para cubrir estos gastos. Otro recurso útil es el sitio web Traveler’s Health (Salud de los viajeros) de los CDC. El sitio proporciona información sobre cómo prepararse para su viaje, incluido qué medicamentos y vacunas se requieren.
Entre los viajeros, la hepatitis A es una de las infecciones más comunes que se puede prevenir con una vacuna. Así que si planea visitar museos en Beijing o hacer rafting en los rápidos del río Mekong, actúe ahora para protegerse y proteger a las personas a su alrededor.